LA
SILLA VACÍA
Las silla vacía,
espacio crítico de una función, donde se templa el acero de los samurai
espontáneos.
Es el momento calmo
previo a una tempestad, es el agua que se retira bien lejos de la orilla para
permitir que una ola grande llegue y moje la arena calcinada por el sol.
Momentos de
incertidumbre, son los momentos que es necesario saber esperar y acompañar lo
que va a suceder.
Para algunos puede
ser el peor momento de una función, yo tengo la certeza cuando estas cosas
pasan, de que hay al menos una historia entreverada entre las madejas de
pensamientos y sensaciones de los espect-actores que se está construyendo y que
va a salir... puede ser una, pueden ser dos, o pueden ser varias. Es el momento
previo para que esa historia pueda nacer y crecer.
Si la historia nace
de parto natural tendremos el núcleo principal que va a dar pie a la
transformación de la función, si nos apuramos y buscamos la cesárea, esa
historia se va a desflecar y cuando llegue a la silla mágica dejará de tener aquel
efecto transformador.
En ese momento hay
algo misterioso y lindo que a veces sucede, les pido a mis compañeros de
batalla, que se adentren un poquito al mar, a las nubes de tormenta, a buscar,
a ir pinchando, con pequeñas frases, con algunos sonidos, esto de que es
necesario ir para recoger, y no solo esperar para ver lo que viene.
Y allí surge una
historia...el hijo antes, el hijo después, Antonia antes y Antonia después.
Las memorias de un
hecho que nos marca, que nos plantea un antes y nos plantea un después. Son
esos hechos fundamentales que nos dejan marcas, marcas que pueden ser muy
dolorosas, pero que si entramos en ellas encontraremos la savia espontánea que
nos permite renacer.
Tal vez somos en
cada función, cada día, cada minuto, un antes y un después. Quizás ni siquiera
hay un antes y un después...quizás es solo un presente donde transformamos todo
el pasado y desde donde construir todo nuestro futuro
Gustavo