domingo, 3 de noviembre de 2013

FUNCIÓN EN EL ATENEO "UN TOQUE POR LA PAZ"

Función del 31/10/10
Construcción de una máquina de la paz

En las últimas horas leímos y escuchamos sobre “máquinas de matar”. No es el efecto de un niño inadaptado, ni de una familia, es el efecto de una máquina de los mas media que produce la violencia cotidiana, entre los padres, de los padres a los niños y también entre los niños.

“Según la reconstrucción de las últimas horas del pequeño que hizo la Policía, el niño y sus asesinos habían salido con el pretexto de cazar pájaros sobre las 14 horas. Una vez llegados al lugar, uno de ellos lo tomó mientras el otro lo apuñaló varias veces. Luego lo atacaron con el machete. El niño, aún con vida, logró zafarse y se tiró en un pozo. Pero los niños de 12 y 14 años lograron que volviera a salir con la promesa de que no le harían daño. Una vez afuera, lo ultimaron.
Los dos jóvenes mataron al  niño de 11 años a machetazos en Maldonado ante la presencia de la hermanastra de 5 años de uno de ellos que los acompañó ya que pretendían simular un caso de abuso por parte del menor asesinado.”

No hay duda, son cosas de película, los niños no nacieron con eso, lo aprehendieron de algún lado.
Cuando entramos a un espacio o sala de función el primer objetivo es que algo en algún lugar de una persona se transforme, con esto ya alcanzamos el cometido, si hay dos personas que trascienden a través de las imágenes, sonidos, y movimientos que le devolvemos algo de su vida o sus sueños es ya mucho más y ni hablar si logramos multiplicar nuestra propuesta en varias personas que asisten al lugar.
  No sé si habremos llegado a este último nivel, lo que sí sé es que al menos Washington y Susana revivieron parte de sus vidas y sus sueños, y lo más importante, lograron transformarlo asumiéndose en protagonistas de lo que les pasó.
Washington cuenta una historia, común a los que hemos trabajado historias del nido del Museo de la Memoria, la historia de haberse transformado de Washington en letra C, y de haberse encontrado con otros en el obelisco y volverse a encontrar a sí mismo.
Ese encuentro estaba cargado de optimismo, era nada más y nada menos que reencontrarse con el Washington que era, reencontrarse con su persona. No lo vio exactamente así en la escena, o quiso que fuera más optimista aún. Hicimos una estatua de transformación, a la que contribuyeron otros espect-actores que habían participado del acto del obelisco. Único momento en que pudimos congeniar una música de pendrive y ese momento de transformación salió muy bien y fue muy aplaudido.
La segunda historia fue de un sueño, el sueño de Susana niña después de haber pasado la “máquina de la segunda guerra mundial”, otro logro y otra transformación, aquella niña que soñaba constantemente que venían soldados a buscarla y corría hasta el pretil de la azotea, logró despertarse y reencotrarse también la Susana del sueño consigo misma.
Todo esto sin haber podido utilizar a nuestro favor una gran sala, una buena acústica y buenos focos de iluminación. En ese entorno desfavorable logramos construir una “máquina de la paz”, máquina que construyó los nombres de “Angustias y esperanzas”, “Sueños y realidades”  “La realidad de la vida”.


Anoche tuve un sueño que nadie merecía ¿Cuánto de pesadilla quedará todavía,
quedará todavía?

Si pienso que fui hecho para soñar el sol y para decir cosas que despierten amor.
¿Cómo es posible entonces que duerma entre saltos de angustia y horror?

En mi sábana blanca vertieron hollín, han echado basura
en mi verde jardín si capturo al culpable de tanto desastre lo va a lamentar.

Yo soñé un agujero bajo tierra y con gente que se estremecía al compás de la muerte,
al compás de la muerte.

Yo soñé un agujero bajo tierra y oscuro y espero que mi sueño no sea mi futuro,
no sea mi futuro.

Si pienso que fui hecho para soñar el sol y para decir cosas que despierten amor.
¿Cómo es posible entonces que duerma entre saltos de angustia y horror?

Cuánto de pesadilla quedará todavía ? No lo sé, solo sé que nosotros construimos una máquina de paz, frente a tantas máquinas de violencia cotidiana, construimos una máquina que reivindicó sueños y transformó pesadillas.
Al final de la función sentí que no habíamos podido aprovechar algunas bondades de la sala y no supimos contrarrestar la falta de música, cuando Susana finalmente me dio un beso emocionada descubrí que aquella niña perseguida por soldados que había querido saltar de la azotea hoy estaba de nuevo en casa. Una nueva máquina estaba en funcionamiento.

Gustavo

Conductor y haciendo un poco de cronista también






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