Función
en AFEU.
Buscando
la participación.
Los
nervios me invadían recorrían cada célula de mi
ser, la función iba a comenzar, las sillas vacías me
incomodaban, sentía una revolución intensa, estaba
ansioso por comenzar e impaciente a que alguien llegara.
Comenzamos
a caldear mis energías volvían a mi cuerpo, ese tipo de
energía que a uno lo deja calmo, sereno y comienza a sentirme
en paz. Risas, abrazos, palmadas, sensaciones, comenzaron a flotar en
el aire. Y llego el momento de salir... invitamos a la gente a pasar
al escenario a descubrir la energía que allí se
presentaba. En el aire se comenzaba a sentir una atmósfera de
que algo iba a pasar. Se realizó un toque con los cuencos, uno
en representación de la música, otro por los actorantes
y luego por la gente presente. La mística en el espacio
comenzaba a tomar vuelo. Así se abrió paso a la
presentación todos juntos, unidos, siendo un cuerpo de 8
cabezas y 16 patas, un monstruo bastante “simpaticon” y alegre.
Se
abrió paso a la presentación sobre participación.
Luego se recibieron sensaciones que se representaron en el escenario,
se empezaba a materializar y hacer carne, sentimientos y emociones de
la gente allí presente. Fue un momento inspirador en el cual
emociones y sensaciones se hacían cuerpo, conectadas y
vinculadas directo desde el corazón de quien las expresaba y
sumergida en el escenario por el grupo de actorantes. Recuerdo una
escultura que me erizo la piel, el poder de la fluidez hecha persona,
era un baile magistral, ellos ambos dos conectados en un solo ser,
que expresaban una emoción, fascinando mis retinas, mis
sentidos por completo, subsumidos en paz y tranquilidad ante lo que
veía.
Se
convoca a ordenarnos en subgrupos y contar historias bajo el sonido
de la lluvia, este sonido y el hecho de ser pocas personas dio lugar
a una función intima en la que se logró despertar
historias fantásticas.
Entre
risas y emociones se presentaron historias, historias con finales
reiterativos, con finales sin finales, con finales anticipados,
finales entre risas, finales imprevistos, finales y más
finales, pero finales sin un fin.
Cada
historia como un viaje hacia otra realidad, a otra dimensión,
un pasaje de ida hacia los recuerdos, hacia la mente de quien lo
cuenta, directo a su corazón, conectados y unidos, en una
escena que muestra, que dice, que habla, interpreta, siente y vive.
Una
función divertida, entre muchas risas y emociones. Una función
intima, cálida, como la briza del viento en la rambla con una
cerveza en mano en una noche de calor sofocante, una función
única como lo son todas.
Cronista:
Mauricio Gutiérrez.
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